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miércoles, 11 de enero de 2012 | By: Olvido

Por eso te gusta leer ¿verdad?

Hola lectores de tinta y papel digital. Hoy caí en la cuenta de algo: "el amor hace maravillas, alimenta el alma, mueve al mundo" no sé si todos opinen lo mismo pero el amor no solo se remite al sentimiento entre dos personas, también involucra otros caminos:amor a la vida, al trabajo, a los libros, los pequeños detalles.

Navegando entre páginas sin un objetivo en particular encontré este video que sin necesidad de palabras o protagonistas (bueno, los libros son los protagonistas) me confirma que los libros aún siguen siendo parte de nuestras vidas, apreciados y amados por más personas en el mundo (y que ni la era digital/informática/caótica que estamos viviendo los pueden desaparecer).

Sin más emotividades por el momento me complace presentarles el video mencionado.

"The Joy of Books"
Director del video: Sean Ohlenkamp
Lugar: Type Books (librería de Toronto)
Música: a cargo de Grayson Matthews


jueves, 2 de junio de 2011 | By: Syan

Léo

Une historie de Robert Kraus.

Tant dort le chart qu´il s´éveille.

Léo ne savait rien faire convenablement. Il ne savait pas lire. Il ne savait pas écrire. Il ne savait pas dessiner. Il mangeait comme un bébé. Il ne disait pas un mot. "Que peut donc avoir Léo? " demandait son père. "Il n´a rien", répondait sa mère. "Leo est lent à s´épanouir, c´est une fleur tardive." "Mieux vaut tard que jamais", pensait le père.

 Et chaque jour Papa Tigre observait son Léo pour voir s´il avant fait des progrès. Et chaque nuit Papa Tigre observait son Léo pour voir s´il avait fait des progrès. Mais il ne voyait rien venir. "Es-tu bien sûr Léo s´épanouira un jour?" demandait le père. "Patience!" répondait la mère. "Ne l´observe donc pas tour le temps! Laisse-le tranquille."

Le père de Léo essaya d´oublier son fils et regarda la télévision. Les froids de l´hiver apportèrent la neige. Le père de Léo laissait passer le temps, mais Léo ne s´éveillait pas. Les arbres bourgeonnèrent. Le père de Léo laissait passer le temps, mais Léo ne s´éveillait pas.

Et puis, tout d´un coup, à son heure, Léo s´épanouit comme les fleurs au soleil. Maintenant, il sait lire. Maintenant, il sait écrire. Maintenant, il sait dessiner. Il mange proprement. Il sait aussi parler. Et il ne répète pas toujours le même mot. Il peut dire toute une phrase, et cette phrase c´est... "Moi aussi, je sais le faire."

viernes, 13 de mayo de 2011 | By: Syan

Un cuento, algún cuento, el cuento

Ya que estoy por aquí, aprovecharé para ponerme al día con las publicaciones que tengo pendientes. Así pues, me complazco en presentarles un cuento titulado "La princesa y el pirata" de Alfredo Gómez Cerdá; dicho sea de paso, dedico el presente post a mi estimada y siempre bien ponderada colaboradora Ondina pues hace mucho le prometí contarle la historia y mi palabra no se había cumplido hasta ahora.

Sin más preámbulos, iniciemos.


La princesa Filomena vivió hace muchos años en un lejano país y en lo alto de una torre de marfil y plata.
La torre de marfil y plata se alzaba junto a la orilla del mar. Desde lo alto, algunos días, el mar parecía confundirse con un cielo igualmente marino. No se distinguía bien dónde terminaba uno y comenzaba el otro.

Al atardecer, los últimos rayos del sol incendiaban alguna nubecilla y teñían de púrpura las paredes de la torre. Entonces, la princesa Filomena se asomaba a una ventana y, con gran parsimonia, peinaba sus largos y negros cabellos. Al ritmo del peine, cantaba una suave y dulce canción. Su voz se convertía cada tarde en un regalo para los sentidos. Hasta el impetuoso mar dejaba de agitarse durante unos minutos para escucharla.

Y así transcurría la vida de la princesa Filomena, tranquila y apaciblemente. Ella, sin duda, esperaba ese momento maravilloso que el destino tiene reservado a todas las princesas.

martes, 21 de septiembre de 2010 | By: Syan

Los Amantes Mariposa



Me siento emocionado; después de varios días ausente del Tintero, he regresado para presentarte un libro verdaderamente precioso, lleno de tradición, de cultura oriental y de magníficas ilustraciones que enmarcan una bella historia de amor [- ¿Y de qué si no? -] que es, por cierto, una de las leyendas más famosas que se inició en China.

Naoko, una joven harta del trato represivo hacia la mujer en aquella época, decide engañar a su padre y disfrazarse de varón para así estudiar literatura... un gran plan, es justo admitir, sin embargo la complicación se crea cuando ella se enamora de un joven estudiante que la considera un gran amigo. 

Bienaventurado sea tal enredo, pues da como resultado una historia tal que de modo alguno podría ser descrito lo que provoca en el lector que posea cierto nivel de sensibilidad al leer, aunado a la belleza de las ilustraciones producidas por el joven francés Benjamín Lacombe. 


jueves, 5 de agosto de 2010 | By: Syan

El Rey Gudú

Es necesario, mi estimado Cibernauta, que te enteres de la predilección que tengo hacia los libros de gran volumen. Ciertamente en las últimas publicaciones no escribía yo sobre alguno de estos papiros evolucionados dado que me enferma escribir de algo que no he leído o que no conozco ni medianamente bien; sin embargo hace unas cuantas semanas finalicé la lectura de la novela "Olvidado Rey Gudú" de la escritora Ana María Matute. A pesar de constituir lo que algunos podrían denominar libro-tabique, dejó en mí un buen sabor de boca (admito que probablemente influyó que conocí la novela por labios de una Ondina y que un ejemplar fue obsequiado a mí por una persona facinante... puede que ambos lleguen a leer éstas palabras).

Olvidado Reu Gudú fue para mí, si bien no un exponente máximo de la Literatura, un respiro y fresca brisa entre tanta comercialidad. Realmente también plantea la cuestión de ¿Qué pasa con un ser que no puede sentir amor (en cualquiera de sus manifestaciones)? Justo me parece admitir que el inicio es denso y podría desalentar al lector novato por la cantidad de información que nos es presentada, ya que el mentado Gudú no aparece al recién iniciar la lectura, aspecto que a mi parecer es interesante ya que no nos estampa en la cara al protagonista de la novela cuando recién hemos leído unas cuantas palabras.

Es así como, ambientada en lo que calculo como la Edad Media, nos encontramos con personajes astutos cual ardillas, algunos enamorados, otros con sed de venganza, una que cambia de forma cada 10 días, y otro que asesina por ambición...

Definitivamente se encuentra el libro entre mis principales recomendaciones si lo que se busca es algo de lectura para aprovechar un tiempo libre y alejar la mente de tanto ruido, notas rojas, política y demás mugres que si bien es adecuado conocer tampoco es sano para la mente mantenerse inmerso solo en ello.



Si te interesa, puedes dirigirte a la sección de Libros o Literatura para que conozcas otros libritos presentados en Voces del Tintero.
domingo, 25 de julio de 2010 | By: seishirou

Pides Clemencia?

Lectores esta vez he estado recordando cosas acerca de las guerras y como no me ha de cruzar por la mente un jovenzuelo casi desconocido para el mundo(sarcasmo) y me refiero nada mas y nada menos que a Pancho villa, aunque no he de tocar(todavia) historias acerca de su vida, he de traerles un librito de Altamirano.

Quizas este un poco lento pero nos relata(con estereotipos al nivel de crepusculo) la vida de 2 oficiales mexicanos que pelean durante la invasion francesa(alla por mitades del siglo XIX), comenzando por el comandante Enrrique Flores el cual era bastante guapo, muy simpatico y sociable ademas de tener una gala de conquistador y tambien de Francisco valle el cual evidentemente era todo lo contrario.

Toda la historia gira en la desventuras del pobre Valle el cual se ha enamorado de una mujer llamada(adivinen) Clemencia, aunado al hecho de que esta esta enamorada de Flores que a su vez enamora y le rompe el corazon a Isabel, la amiga mas cercana y (aparentemente) mas por querida de clemencia.

Girando la historia por las desventuras e infortunios este libro termina con la muerte de su personaje menos simpatico, por lo mismo ofrece una amplia gama de situaciones como lo son como afronta un hombre debil un enlistamiento con las fuerzas en la defensa de su patria, tambien como una mujer debe esconder lo que siente por el hombre que ama por temor al odio de su amiga entre tantas otras, debido a que el libro es bastante ligero considero que no afectaria otras lecturas.

Bueno invadiendo la literatura me despido no sin antes recordarles que hay un seccion donde pueden dejarnos su opiniones o lo que gusten decir acerca de nuestro trabajo.

El hechicero

Ya que he descuidado éste aspecto en el Tintero, que por cierto sigue sin hablarme ni en un murmullo, tengo para ti un libro de lo que yo denominaría como lectura ligera.

En "El Hechicero", Vladimir Nabokov (escritor ruso... ¡¡¡Rusia manda!!!) nos cuenta la historia de un individuo bastante peculiar. El libro está narrado en primera persona y describe a un caballero de posición acomodada que es atormentado por los interrogantes que le plantean sus inclinaciones en lo referente a las bajas pasiones... así las cosas cuando de pronto y sin premeditación alguna, se enamora de una dama a la que conoce por casualidad en un parque de aquella gran ciudad europea.

El "pobre" hombre se encuentra en una situación tal que, incapaz de retener sus impulsos, decide acercarse al objeto de sus pasiones casándose con la madre de ella, y es que su amada cuenta con sólo doce años de edad, así que se hace esposo de aquella mujer a la que no ama y que no goza en absoluto de buena salud.


Vladimir Nabokov es un extraordinario escritor del siglo XX, y sus obras figuran entre las obras maestras de la literatura de todos los tiempos.
jueves, 1 de julio de 2010 | By: Syan

Me debes un pollito

Así como antes te conté algo sobre la historia de Max y Moritz [- Si no lo recuerdas, aquí está: http://paraheliodetinta.blogspot.com/2010/02/max-y-moritz-de-wilhem-busch.html -] , hoy te vengo a contar sobre mi buen amigo Pollo Repollo.

Un día Pollo Repollo fue al bosque y una nuez le cayó encima de la cabecita.
- ¡Ay, qué desgracia! Se me ha caido encima el cielo. Voy a contárselo al rey.
Entonces Pollo Repollo dio media vuelta y se encontró con Gallina Cochina. Le preguntó a donde iba.
- Voy al bosque a buscar comida.
- ¡Ay, Gallina Cochina, no vayas! El cielo se cayó encima de mi cabecita. Ahora voy a contárselo al rey.
Entonces Gallina Cochina dio media vuelta y se encontró con Gallo Zapallo. Le preguntó a donde iba.
- Voy al bosque a buscar comida.
- ¡Ay Gallo Zapallo, no vayas! Encontré a Pollo Repollo y el cielo se le había caído encima de la cabecita. Ahora vamos a contárselo al rey.
Entonces Gallo Zapallo dio media vuelta y se encontró con Pato Barato. Le preguntó a donde iba.
- Voy al bosque a buscar comida.
- ¡Ay, Pato Barato, no vayas! Encontré a Gallina Cochina y Gallina Cochina a Pollo Repollo y el cielo le había caído encima de la cabecita. Ahora vamos a contárselo al rey.


(…Tras varios dar vuelta y encontrarse con...)


Entonces Pavo Clavo dio media vuelta y caminó con Paloma Rabona, Ganso Manso, Oca Loca, Pato Barato, Gallo Zapallo, Gallina Cochina y Pollo Repollo. En el camino se encontraron con Zorro Piporro.
- ¿Adónde vais? -dijo.
- Encontré a a Paloma Rabona, y Paloma Rabona a Ganso Manso, y Ganso Manso a Pato Barato, y Pato Barato a Gallo Zapallo, y Gallo Zapallo a Gallina Cochina, y Gallina Cochina a Pollo Repollo, y el cielo le había caído encima de la cabecita. Ahora vamos a contárselo al rey.
- Seguidme. Os mostraré el camino.


Zorro Piporro los guió hasta su casa. Zorro Piporro y sus cachorros enseguida se comieron al pobre Pollo Repollo, a Gallina Cochina, a Gallo Zapallo, a Pato Barato, a Oca Loca, a Ganso Manso, a Paloma Rabona y Pavo Clavo.

De modo que no vieron al rey y jamás pudieron contarle que el cielo se había caído.

Jan Ormerod


Entonces, si de casualidad te encuentras al rey, avísale que Zorro Piporro se comió al único testigo de que el cielo se ha caído.




miércoles, 2 de junio de 2010 | By: Syan

Un personaje curioso


De Gonçalo M. Tavares, llega a los estantes del Tintero [-¿Qué estantes?-] (- ¬ ¬ -) un libro titulado El señor Valéry.

La cuestión: El señor Valéry es pequeño, él hubiera preferido ser alto; no desea encariñarse con una mascota, ¿Quién se encariñaría con una caja?.

Es aquél libro que entrega la perfecta compañía en cualquier día para quien busca un poco de lectura ligera.
lunes, 10 de mayo de 2010 | By: Syan

Un relato... una tumba

El chico que amaba una tumba
(The Child Who Loved a Grave; Fitz James O'Brien (1828-1862))

Muy lejos, en el corazón de un país solitario, había una vieja y solitaria iglesia. En su patio ya no se enterraba a los muertos, pues había dejado de funcionar hacía mucho tiempo; su pasto crecido alimentaba ahora a algunas cabras salvajes que trepaban el muro ruinoso y vagaban por el triste desierto de tumbas. El camposanto estaba bordeado de sauces y cipreses sombríos; y su oxidado portón de hierro, rara si alguna vez abierto, crujía cuando el viento agitaba sus bisagras, como si alguna alma perdida, condenada a vagar por siempre en ese lugar desolado, sacudiera los barrotes y se lamentara de su terrible prisión.

En este cementerio había una tumba distinta a las demás. La lápida no llevaba nombre, pero en su lugar aparecía la rara escultura de un sol saliendo del mar. El sepulcro era muy pequeño y estaba cubierto de una espesa capa de retama y ortigas; uno podría suponer por su tamaño que correspondía a un niño de pocos años.

No lejos del lugar vivía con sus padres un chico en una casita triste; era un chico soñador, de ojos negros, que nunca jugaba con los otros niños del barrio, él amaba correr por los campos, recostarse a la orilla del río, mirando caer las hojas y enrularse las aguas, y los lirios que mecían sus blancas cabezas al compás de la corriente. No era de asombrarse que su vida fuera triste y solitaria, ya que sus padres eran personas crueles y salvajes que bebían y discutían todo el día y toda la noche; los ruidos de sus peleas llegaban en las cálidas noches de verano hasta los vecinos que vivían en la aldea bajo la colina.

El muchachito se aterrorizaba con estas horribles disputas y su alma joven se encogía cada vez que escuchaba las maldiciones y los golpes resonando en la mísera casa, así que solía escaparse a los campos donde todo lucía tan calmo, tan puro, y hablar con los lirios en voz baja como si fueran sus amigos. De este modo dio un día con el viejo cementerio y empezó a caminar entre las lápidas cubiertas de maleza, deletreando los nombres de las personas que había partido de la tierra años y años atrás.

Por algún motivo, la pequeña tumba anónima y olvidada atrajo su atención más que las otras. El extraño agregado del sol naciendo del mar era para él una fuente perpetua de misterio y asombro, y así, fuera de día o de noche, cuando la furia de sus padres lo espantaba de su casa, solía dirigirse allí, echarse entre la maleza espesa y pensar en quién podría estar enterrado debajo. Con el tiempo su amor por la pequeña tumba creció tanto, que la adornó según su gusto infantil. Arrancó las retamas y ortigas y la maleza que crecía sombríamente sobre la piedra, y recortó el pasto hasta que empezó a crecer espeso y suave como la alfombra del cielo. Después trajo pimpollos de las lomas verdes, de los caminos de rocío donde los espinos llueven sus flores blancas, rojas amapolas de los maizales, campanillas azules del corazón del bosque y las plantó alrededor de la tumba. Con las ramas flexibles del mimbre plateado trenzó un simple cerco alrededor y raspó el moho que se arrastraba sobre la lápida, hasta que la pequeña tumba se vio como si fuera la de una bella hada. Entonces estuvo contento. Durante los largos días de verano, gustaba de echarse allí, aferrando con sus brazos el hinchado montículo, mientras un viento suave de voluntad cambiante jugaba sobre él y tímidamente levantaba sus cabellos. Del otro lado de la colina le llegaban los gritos de los chicos de la aldea jugando; a veces alguno de ellos venía y le proponía sumarse al juego; pero él lo miraba con sus calmos ojos negros y le respondía gentilmente que no; el muchacho impresionado se iba en silencio y susurraba con sus compañeros sobre el chico que amaba una tumba. Era cierto, él amaba aquel cementerio más que cualquier juego. La quietud del lugar, el aroma de las flores salvajes, los rayos dorados cayendo por entre los árboles y jugueteando en la hierba eran delicias para él. Permanecía horas recostado boca arriba contemplando el cielo de verano, mirando navegar las nubes blancas y preguntándose si serían las almas de buenas personas yendo a casa en el cielo. Pero cuando las nubes negras de la tormenta se acercaban llenas de lágrimas apasionadas y reventaban con ruido y fuego, pensaba en sus malos padres en casa y giraba sobre la tumba, presionando su mejilla contra ésta como si fuera su hermano mayor. Así el verano se convirtió en otoño. Los árboles estaban tristes y temblaban al acercarse el tiempo en que el viento feroz les arrebataría sus capas y las lluvias y las tormentas golpearían sus miembros desnudos. Los pimpollos se pusieron pálidos y se marchitaron, pero en sus últimos momentos parecieron mirar sonrientes al chico como diciendo: “No llores por nosotros, volveremos el año que viene”. Pero la tristeza de la temporada lo invadió mientras se acercaba el invierno y a menudo mojaba la pequeña tumba con sus lágrimas y besaba la piedra gris como uno besaría a un amigo que está a punto de partir.

Una tarde, casi al fin del otoño, cuando los árboles se veían marrones y severos y el viento sobre la colina parecía aullar malignamente, el chico, sentado junto a la tumba, escuchó chirriar la vieja puerta girando sobre sus oxidados goznes, y mirando por sobre la lápida vio acercarse una extraña procesión. Allí había cinco hombres: dos llevaban entre ellos lo que parecía ser una caja larga cubierta con un paño negro, otros dos llevaban picas en sus manos y el quinto, un hombre alto de rostro consternado envuelto en una capa larga caminaba a la cabeza. Cuando el muchachito vio andar a estos hombres de un lado a otro por cementerio, tropezando con lápidas medio enterradas o parándose a examinar las escrituras semiborradas, su corazoncito casi dejó de latir y se encogió detrás de la piedra gris con la rara escultura, lleno de terror.

Los hombres caminaban de un lado a otro, con el hombre alto a la cabeza, buscando concienzudamente entre el pasto y de vez en cuando parando a consultar entre ellos. Finalmente el líder giró y caminó hacia la pequeña tumba y, agachándose, se puso a mirar la lápida. La luna acababa de levantarse y su luz bañaba la peculiar escultura del sol saliendo del mar. Entonces el hombre alto le hizo señas a sus compañeros. “La encontré” dijo “aquí está”. Los demás se acercaron al escucharlo y los cinco hombres quedaron parados mirando la tumba. El pequeño detrás de la piedra no podía respirar. Los dos hombres que llevaban la caja la apoyaron en el pasto y quitaron el paño negro, con lo que el chico vio un pequeño ataúd de ébano brillante con adornos plateados y en la cubierta, labrada también en plata, la escultura de un sol saliendo del mar, y la luna brilló sobre todo esto.

“Ahora, ¡a trabajar!” dijo el alto y al momento los dos que llevaban picas las clavaron en la pequeña tumba. El chico pensó que se le rompería el corazón y ya no se pudo contener, se arrojó sobre el montículo y exclamó sollozando: “¡Oh, señor! ¡No toquen mi pequeña tumba! ¡Es lo único que tengo en el mundo para amar! No la toquen, pues todo el día me recuesto aquí y la abrazo y es como si fuera mi hermano. La cuido y mantengo el pasto cortito y grueso, y les prometo que si me la dejan el año que viene plantaré aquí las más bellas flores de la colina.”

“¡Calla, muchacho, eres un tonto!' respondió el hombre serio. 'Es una tarea sagrada la que debo realizar, el que yace aquí era un chico como tú, pero de sangre real, y sus ancestros descansan en palacios. No corresponde que huesos como los suyos reposen en un terreno común y corriente. Del otro lado del mar los espera un lujoso mausoleo, y he venido a llevarlos conmigo para depositarlos en bóvedas de pórfido y mármol. Quítenlo, hombres, y sigan con su trabajo.” Los hombres forcejearon y arrastraron al chico, lo dejaron cerca sobre el pasto, sollozando como si se le rompiera el corazón, y cavaron en el montículo. A través de sus lágrimas vio cómo juntaban los blancos huesos y los ponían en el ataúd de ébano; escuchó la tapa cerrarse y vio las palas volviendo a poner la tierra negra en la tumba vacía; se sintió robado. Los hombres levantaron el ataúd y se fueron por donde habían venido. El portón chirrió una vez más sobre sus goznes y el chico quedó solo.

Regresó a su casa en silencio, vacío de lágrimas y pálido como un fantasma. Cuando se acostó en su cama llamó a su padre y le dijo que iba a morir. Le pidió que lo enterraran en la pequeña tumba que tenía una lápida gris con un sol naciendo del mar esculpido. El padre rió y le dijo que se durmiera; pero cuando llegó la mañana el chico estaba muerto.

Lo enterraron donde él había deseado y cuando el césped estuvo alisado y el cortejo fúnebre se retiró, esa noche apareció una nueva estrella en el cielo para cuidar la pequeña tumba.
domingo, 2 de mayo de 2010 | By: Syan

Para niños no tan niños

“La luz de la imaginación va más allá de la decadencia”

“Había envuelto el castillo en una ilusión de ruinas que lo hacían invisible a la vista de los mortales. Desde el páramo, el castillo no parecía más que un laberinto de piedras antiguas y unos cuantos muros altos y sin techo, cubiertos de liquen y hiedra…”

Así comienza el libro “El Gigante de la Historia” de Brian Patten, donde un… gigante [-algo anciano-] (- pero no senil -) sufre al no encontrar la única historia que no ha logrado almacenar desde el inicio del mundo. Cuando el Hombre se paseaba en taparrabo, el Gigante era ya un ser dotado de razón, que reunía todas las historias existentes, se nutría de ellas, las reinventaba y así regresaban más frescas y vivas; vivía de ellas, y ahora la historia faltante le acercaba a la muerte con su ausencia…

Es sinceramente uno de mis libros favoritos, perfecto para ser degustado antes de dormir, para todo público [-¿También para morros?-] (-no, un morro es un peñasco o porción de tierra… por favor abre un diccionario-) e incluso para los lectores más exigentes: los niños. ¿Qué es de un libro si no puede susurrar su historia en los oídos de un niño?

Me voy, no sin antes entregarte un consejo: Si ves una tabla con letras, pasa de ella, sobre todo si tiene un triangulo que se mueve sólo.
miércoles, 31 de marzo de 2010 | By: Syan

Si no te tardas mucho...

Hace ya bastante tiempo se dio a conocer la presente novela "Si no te tardas mucho, te espero toda la vida", de Joge Castellanos [Editorial La Zonámbula]

El autor narra la historia de un chavo común, quien luego de un suceso muy... peculiar, cambia su visión de la sociedad en que vive. La impotencia lo lleva a buscar de manera empecinada, la forma de gritar su inconformidad frente a la injusticia y la humillación, propósito que el autor vuelve deliberadamente absurdo, nadie lo escucha ni lo apoya. Más allá de la historia de Valentino y Andreína, llama la atención de esta novela la forma narrativa.

Nada es tan en serio que se convierta en drama, se mantiene siempre en un tono casi fársico; el relato es fresco, inteligente y sensible. Todo ocurre en Santacilia, ciudad ficticia parecida a tantas construidas por el hombre.

En la lectura, no solo se pueden disfrutar las situaciones vividas por los personajes, también hay frases muy bien construídas, que dejan una grata sensación por haberlas descubierto, y se agradece que alguien las haya escrito.

Entonces, por favor y reitero, POR FAVOR, apaguen la caja idiotizante y abran un libro.

Syan.
domingo, 28 de febrero de 2010 | By: Syan

Paseando entre libreros


Hey, por libreros me refiero [¿a estantes?] (no) [¿a escritorios?] (cállate) [entonces no sabes de lo que hablas] (¬¬ solo cállate) n_n decía que me refiero a aquellas personas que venden libros, nuevos, usados, originales, piraña, etc.

Suelo pasear tranquilamente entre ellos observando, así encontré "Tokio blues, Norwegian Wood" de Haruki Murakami, nacido en Tokio 1949, el autor japonés de mayor prestigio, al igual que los Beatles, produce adicción, provoca numerosos efectos secundarios y su modo de narrar tiene algo de hipnótico y opiáceo.


Ahora bien, mientras aterriza en un aeropuerto europeo, Toru Watanabe escucha una vieja canción de los Beatles que le hace retroceder a su juventud, al turbulento Tokio de los 60´s. Melancólico recuerda a Naoko, la novia de su mejor amigo de la adolescencia. El suicidio de éste les distanció durante un año, hasta el reencuentro y tiempo después iniciaron una relación. Pero la aparición de otra mujer en su vida lleva a Toru a experimentar el deslumbramiento y el desengaño allí donde todo debería cobrar sentido: el sexo, el amor y la muerte.
Personalmente, no suelo leer obras de aquellos que no he escuchado mucho... sin embargo, con el buen Murakami hice una esepción y recomiendo que hagas lo mismo. [comenten n_n ]
sábado, 20 de febrero de 2010 | By: Syan

"Max y Moritz" de Wilhem Busch

Dos niños raros que dan a este libro un toque escalofriante, por la pluma del germano Wilhem Busch (1832-1908) a finales del siglo XIX. Una obra muy peculiar que en su momento fue una desarrollada función de renovadores presupuestos literarios y estéticos [*a nadie le importa, escribe algo bueno o cambia la entrada*] (ya cállate, bien que te gusta el libro) [O_O]... como decía, se trata de una obra escrita en versos, pero sin más preámbulos, he aquí una pequeña muestra:

Primera travesura

Muchos de nuestros iguales
se afanan en sus corrales:
porque las aves dan huevos
que nos dejan como nuevos,
porque además bien asadas
nos saben que ni pintadas,
y porque todo el plumaje
que ellas tienen como traje,
metido en un edredón,
sirve de calefacción.

La viuda Bolte sabía
muy bien esa letanía.
Tenía un gallo y tres gallinas
envidia de sus vecinas.
Max y Moritz se enteraron
y una malicia tramaron.
Para su perverso plan
consiguen primero un pan.
Parten la barra en dos pares
similares a pulgares.
Luego, los atan cruzados
con unos hilos tensados.
Y finalmente los llevan
donde las aves los vean.

El gallo, que ve el invento,
llama a todo el regimiento.
Las gallinas, al reclamo,
acuden al que es su amo.
Con un desmedido afán
se meriendan todo el pan.
Pasado el feliz momento,
ahora comienza el tormento.

Enganchadas como están,
por más que tiren, no hay plan.
Prueban revoloteando,
pero más se van liando.
En medio de sus torturas
se elevan a las alturas
y de una rama sin ojas
se quedan colgando, flojas.
Faltándoles ya el aliento,
aún nos dan un alimento.

La viuda, desde el colchón,
oye la lamentación.
Sale al patio y se tropieza
con esa trágica pieza.
Lamentando el infortunio
de lo que era su pecunio,
llora ante el manzano seco
sin encontrar ningún eco.
Toma luego su cuchillo
y corta el malvado hilillo
y, entre tamañas llantinas,
van callendo las gallinas.

Aún es la congoja fina
cuando vuelve a su cocina.
---------
Hasta quí una travesura,
sólo que lo malo dura.

.
.
.

Y así, son en total siete travesuras con un final un ambiente un tanto cuanto escalofriante, pero para verlo por tí mismo, lee las otras travesuras.